PARA LEER Y APRENDER , LA CORDILLERA DE LOS ANDES : LA GRAN MURALLA SUDAMERICANA

                              Cordillera de Los Andes: La gran muralla Sudamericana

Nuestro continente está inmerso en una zona geográfica bastante compleja, comprendida por cerros, valles y montañas; pero también amplias planicies. De estos, sobresale la cordillera de Los Andes, imponente cadena montañosa de Sudamérica, famosa por su altitud y extensión; así como también el Amazonas, el Gran Chaco y la Patagonia. La interacción de los vientos y la humedad -en diferentes épocas del año- con esta “gran muralla”, dan origen al clásico clima de nuestro continente.

                                Los Andes: Una muralla entre lo seco y lo húmedo

La primera impresión que uno se lleva al mirar una imagen satelital del continente sudamericano es la increíble diferencia en los colores del suelo: desde un fuerte verde del Amazonas y del Chaco Argentino, al amarillo o café del desierto de Atacama. Ambas zonas separadas por un denominador común, la cordillera de Los Andes.

La cordillera de Los Andes es un componente muy importante en América del Sur, ya que se emplaza por miles de kilómetros y muy cercana a la costa del Pacífico, desde Colombia (10°N aprox.) hasta el extremo sur de Chile (53°S aprox.). Los máximos de altura alcanzan los 4.000 m.s.n.m en zonas tropicales y subtropicales. Luego decrece a unos 1.500 m.s.n.m, aunque con algunos peaks que llegan a los 3.000 m.s.n.m. En latitudes subtropicales, esta cadena montañosa se divide en dos, formando una meseta de gran altura (4.000 m.s.n.m) conocida como Altiplano Sudamericano ó Meseta Altiplánica.

Hay otros lugares en el mundo donde el clima pasa de un sector seco a uno más húmedo, como es el caso de África. Esta transición ocurre de manera mucho más suave y menos abrupta que lo que sucede en nuestro continente.

El rol de la cordillera, entonces, parece separar estas dos grandes zonas: una muy húmeda, lluviosa y cálida al este de Los Andes, y otra más bien seca y fría hacia el oeste.

Un monzón en Sudamérica

Sí, leyeron bien. Sudamérica tiene su propio monzón. Este fenómeno, conocido mayormente por ocurrir en el subcontinente Indio, está asociado a un intenso flujo de aire desde el Atlántico hacia el Continente, particularmente durante la época de verano.

Sudamérica se calienta durante el verano, dando paso a una baja presión relativa entre Brasil y el Norte de Argentina. Esta baja presión “succiona” el aire húmedo que ingresa desde el Atlántico y en el camino desarrolla muchísimas tormentas eléctricas, como por ejemplo las intensas tormentas en El Altiplano. Este transporte de humedad es capaz de mover el aire húmedo de regiones tropicales hacia más al sur de lo normal, ayudando a humidificar el área entre el Sur de Bolivia, Paraguay, Sur de Brasil, Uruguay y Norte de Argentina.

En invierno la magia de las tormentas y la lluvia se acaba. El continente no está lo suficientemente cálido como para atraer hacia el sur el flujo húmedo, por lo que las precipitaciones se concentran en el sector norte de Sudamérica.

Compuesto de precipitación acumulada por año en los trimestre de invierno (izquierda) y verano (derecha) entre los años 1979-2017.

Tal como se ve en la figura, el cambio en la cantidad de precipitaciones en Sudamérica es notable entre invierno y verano. En el centro del continente puede llover más de 2.000 mm en tres meses en la estación cálida, mientras que, hacia el invierno, las lluvias apenas alcanzan 200 mm. Este cambio en el orden de magnitud de las lluvias se repite en casi todo el sector entre la línea del Ecuador y la altura de Buenos Aires.

                                                         La sequedad todo el año

Al otro lado de los Andes, entre la costa peruana y el Norte de Chile, el patrón lluvioso es uno solo, tanto en invierno como en verano: las lluvias son cercanas a 0 mm.

La principal causa de la aridez y estabilidad atmosférica a lo largo de la costa norte de Chile y costa sur de Perú está asociada a la circulación de los vientos en la zona. Debido a que el flujo es mayoritariamente desde el sur, se produce un transporte de aguas frías a lo largo de la costa oeste sudamericana. El agua fría refuerza una atmósfera estable y produce mayor subsidencia (movimientos descendentes), sumado a lo que el Anticiclón Subtropical ya está generando por si mismo en la zona.

En términos simples, se produce un secamiento de la atmósfera baja en toda esta región. La cordillera de Los Andes, esta gran muralla de la que les hemos estado hablando, bloquea cualquier potencial transporte de humedad proveniente del interior del continente sudamericano, dando paso al desierto más árido del mundo: El desierto de Atacama.

                                                       Las lluvias de invierno

En gran parte del continente, la época lluviosa es el verano y no el invierno. Esto  puede parecer bastante extraño para los habitantes de Chile, puesto que estan acostumbrados a que llueva mayormente cuando hace frío, con veranos mayormente secos.

Esto se debe a que el mecanismo por el cual precipita deja de ser el convectivo y se vuelve “frontal”. Estos sistemas frontales, que vienen desde el Oeste, descargan su precipitación sobre Chile y tienen un desplazamiento norte-sur dependiendo de la época del año. Cuando es invierno, los sistemas frontales llegan más al norte que en la época de verano.

Este clima frío y húmedo del sur de Chile, con bosques frondosos y ríos gigantescos, contrasta con lo que sucede al este de la cordillera en la Patagonia Argentina. Nuevamente, la cordillera ha jugado un rol en descargar toda la precipitación en el lado chileno. Las masas de aire, al descender al otro lado de la cordillera, tienden a secarse, inhibiendo la precipitación. Mientras en Puerto Aysén llueve más de 900 mm cada invierno, a la misma latitud en Argentina Comodoro Rivadavia recibe menos de 100 mm.

Compuesto de precipitación acumulada por año en los trimestre de invierno (izquierda) y verano (derecha) entre los años 1979-2017 para Sudamérica.

Como se puede apreciar, esta gran cadena montañosa, es reguladora de nuestro clima, incluso si viajamos a nuestros países vecinos sentiríamos sus efectos. ¡Qué distinto sería el clima de Sudamérica si no estuviera esta gran muralla!

Sobre el autor Marcelo Speranza

Investigador de Fenómenos meteorológicos. Difusor desde hace 30 años en Radio Chivilcoy, Diario La Razón y canal local de Cablevisión.